Cuatro reglas de oro para decorar con cuadros

1. Ni demasiado alto ni demasiado lejos
Los cuadros visten la pared. Antes que la imagen que ostenta, el marco es la decoración, y la forma en que se dispone sobre el espacio libre es lo que conecta con el ambiente, los muebles y el resto de la decoración. La distancia recomendable entre un cuadro y un mueble apoyado sobre la pared es de 20 centímetros, arriba o a un costado. Menos, crea aglomeración; más, produce sensación de vacío.

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2. Directo a los ojos
La altura ideal para colocar un cuadro es 1,50 m. Una altura que no obliga a agacharse ni a ponerse de puntillas, y que permite apreciar el cuadro sentado. De estar muy alto, cerca del techo, el cuadro produce una alerta en los sentidos, como si estuviera por caer. Muy bajo, reduce el espacio y ensucia el ambiente.

3. Simetría
Cuando se trata de colocar varios cuadros sobre una pared la opción es jugar con la alineación y las figuras que el conjunto describe: líneas, cuadrados, osadas diagonales… Las opciones son ilimitadas siempre que el trazo de los cuadros sobre la pared sea decidido y bien ejecutado. Entre los cuadros no debe haber más de 10 centímetros ni menos de cinco, aunque sus dimensiones son las que deciden a este respecto.

4. Tamaños distintos, juegos aleatorios
Si hay que colocar un grupo de cuadros de distinto tamaño, nunca los cuelgues siguiendo una progresión de sus tamaños. Atrévete y juega con sus tamaños para llenar una pared. Sólo sigue una pequeña regla: entre más pequeños, mayor la distancia vacía a su alrededor. Combina rectángulos, cuadros y otras figuras para crear un todo armónico.

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